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Espiritualidad y Adulto Mayor: Discípulos y Misioneros

El primer paso de la travesía de ser discípulo, es ser llamado y responder a esa invitación personal con una vida en comunión y amor con el Señor. Él nos hace el encuentro para ser parte de su misión por la cual comenzamos a trabajar desde el bautismo, fuente de espiritualidad y unión de los cristianos: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará” (Mc 16,15).

 

Debemos ser seguidores de Jesucristo y servidores de nuestro prójimo. Discípulos y misioneros que mantengan una Iglesia viva, una comunidad fraterna edificada en un clima de fe y oración que promueva la doctrina social de la Iglesia y prolongue la acción de Cristo en el mundo. Para san Alberto Hurtado “la misión del cristiano es ser testigo de la esperanza”.

 

María es el modelo perfecto de discipulado y santidad. Ella, siendo peregrina, discípula y misionera, ofrece su vida como instrumento para continuar la misión de su Hijo como experiencia central de su vida.

 

Ser misioneros nos llama a abrirnos a nuestras hermanas y hermanos, a construir Iglesia, a encontrarnos con Jesucristo vivo a través del camino del amor y la dignidad humana. Ya no queda espacio para el egoísmo, pues nos reconocemos como profetas de esperanza e instrumentos de paz para el mundo.

 

Jesús nos llama a ser sus colaboradores y espera nuestra respuesta generosa; acoger con amor y alegría a quien necesita de nosotros debe ser el estilo de hacer misión y nuestro compromiso para alcanzar el paraíso y “ser uno con Él”.