El Miércoles de Ceniza marca el inicio del tiempo de Cuaresma, dando comienzo al trayecto durante el cual acompañamos a Jesucristo en el desierto hasta el día de su victoria, el Domingo de Resurrección, y nos preparamos para vivir dignamente la Semana Santa, junto a María Santísima al pie de la Cruz.
Durante la imposición de las cenizas, el sacerdote nos dice: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1, 15) y “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás" (Cf Gén 3,19), palabras llenas de significado que, unidas con el símbolo de la cruz que el ministro realiza sobre nuestra frente, expresan nuestra naturaleza finita de hombres.
Esta estación espiritual nos manifiesta que todo lo material que tenemos aquí se acaba, al igual que nuestra vida terrenal: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. Empero, nos llevaremos a la eternidad todo aquello que hayamos hecho por el Señor y por el prójimo.
Este tiempo invita a la conversión, a la reflexión sobre cómo nos conducimos en la vida y la forma en cómo nos relacionamos con el prójimo; nos llama a volver a Dios, a cobijarnos en el abrigo de su inconmensurable amor, a arrepentirnos de nuestros pecado y buscar la confesión sacramental, para que a través de la penitencia y la reparación de nuestros errores, expresemos de forma libre y positiva nuestro esfuerzo interior por instaurar el Reino de Dios en nuestro corazón.